Te conocí en esas horas
que no se cuentan ni se miden
en esos mares tan bravíos
que ni siquiera la esperanza
es barco que lleve a alguna parte…
Te conocí en esos días
donde queremos morirnos
y olvidar nuestra muerte…
Te conocí y venías con tu risa
anudada al talle de tu cintura
calzándote unas sandalias
que, luego supe,
siempre anuncian tu próxima sonrisa.
Sí derrochaste primaveras
fue para hacer tú risa más perfecta
para que el reloj nunca sepa
en qué segundo te vas a reír.
y tú ya te estés riendo…
Miro tus ojos,
No me canso de mirarlos
¿Es posible que en ese pequeño verde de tus pupilas
quepan tantas cosas?
Desdoblado
el mar, tan inmenso,
se agita entre las olas
al viento, como no, de tú risa…
Málaga 16 de Septiembre de 2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario