Uno espera, siempre ha estado esperando,
un nombre que llene su vida
unos ojos y una risa
que derriben el muro de sombras
de la primera y adolescente soledad…
Pasan los años y uno cree
y uno siente que lo ha encontrado
Lo nombra amablemente
con notas de una suave música.
Lo lleva entre las manos
con caricias de seda…
Un buen día, la vida se incendia
aquel nombre se rompe en mil silabas
la música, se convierte en gritos,
las manos, en garras que construyen
los altivos muros de la distancia.
En fin, que contar que no sepáis
quienes presos habéis estado
Mas un buen día un repentino brillo
centellea en unos ojos
Y uno siento su corazón, hecho fortaleza,
como un bosque sin guarda
Nada está a salvo de ese dulce rayo
que trae vida entre la niebla.
Lluvia de lluvia hace que el olvido caiga
sobre las ruinosas torres de la ausencia,
el incienso del presente adorna
la sonrisa que, sin querer, se enciende
como un augusto cirio ceremonial.
Uno busca, entonces, su boca en otra boca
para decir con las manos
yo también soy libre…
Septiembre 2011.
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