jueves, 21 de julio de 2011

Siento sobre mi piel, un paisaje ingrávido,
amplio y sereno, de arboles callados
bajo la dulce oscuridad del viento…
Los quietos perfiles de las montañas
sierran el aire tan transparente,
al fondo una islas tan blancas…
Sobre el mar la penumbra de tu silueta desnuda
espigando lunas entre las olas…
¿Recuerdas aquella noche, la primera?
Los ojos se despiertan...
Y en esta ardiente noche de estío, tan amarga,
todo se pierde hasta para el recuerdo…
Quizás ocurrió por ser tiempo de siega
que ya estaba madura nuestra espiga
apenas sin raíces en la tierra.
Así se ofrecía, fruto maduro,
perdida para el amor y ganada para el mar

Pals-Sevilla, Agosto de 2002.

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