martes, 1 de enero de 2013

Rolando el viento


La noche se dibuja entre sus oquedades azules, es un incipiente jardín de flores sin recuerdo ni memoria. Sobre un cielo incoloro trazo un nuevo rumbo bajo el compás resplandeciente de la nueva ola. El viento se avecina y se hace cómplice en estos nuevos distritos.

He navegado en muchos barcos, a veces he navegado sin rumbo, otras me quedé rezagado cuando arribaba a puertos, que después supe, solo existían en mi imaginación. A todos esos barcos los quiero, los amo profundamente, sus cuadernos de bitácora me han enseñado a saber que el viento está rolando.

Aunque los quiera sé que no existen, en los lejanos varaderos donde yacen rielan canciones entre sus mástiles de alegrías y de infortunios. En cualquier caso, los barcos y las canciones son habitantes demarcados en el ayer que quedó, encallado, en la arena.

 

Navegando entre olas y sin palabras, la ola inicial pronuncia la palabra la siguiente la borra para que no exista sino el tiempo justo. Aquí mirando el horizonte me hago espejo y las respuestas, sobre el callado cielo, en silencio me guían.

 

Tomo de Conrad , a beneficio de préstamo vitalicio, aquellas palabras suyas “ He vivido, amado y dejado la mar sin haber visto irse por la borda de velero alguno el tupido bosque de sus mástiles y perchas o la inextricable tela de araña de su jarcia”

 

Madrid 31 de Diciembre de 2012

( Fin del Diario )

 

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