La
noche se dibuja entre sus oquedades azules, es un incipiente jardín de flores
sin recuerdo ni memoria. Sobre un cielo incoloro trazo un nuevo rumbo bajo el
compás resplandeciente de la nueva ola. El viento se avecina y se hace cómplice
en estos nuevos distritos.
He
navegado en muchos barcos, a veces he navegado sin rumbo, otras me quedé
rezagado cuando arribaba a puertos, que después supe, solo existían en mi
imaginación. A todos esos barcos los quiero, los amo profundamente, sus
cuadernos de bitácora me han enseñado a saber que el viento está rolando.
Aunque
los quiera sé que no existen, en los lejanos varaderos donde yacen rielan
canciones entre sus mástiles de alegrías y de infortunios. En cualquier caso,
los barcos y las canciones son habitantes demarcados en el ayer que quedó,
encallado, en la arena.
Navegando
entre olas y sin palabras, la ola inicial pronuncia la palabra la siguiente la
borra para que no exista sino el tiempo justo. Aquí mirando el horizonte me
hago espejo y las respuestas, sobre el callado cielo, en silencio me guían.
Tomo
de Conrad , a beneficio de préstamo vitalicio, aquellas palabras suyas “ He
vivido, amado y dejado la mar sin haber visto irse por la borda de velero
alguno el tupido bosque de sus mástiles y perchas o la inextricable tela de
araña de su jarcia”
Madrid
31 de Diciembre de 2012
(
Fin del Diario )
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