La luna ebria me dio a beber
todos los licores de la alta madrugada,
néctar de libertad que iluminaba
toda la suavidad de tu cuerpo ,
Regresaste rítmicamente desnuda
despertando con tus pasos
los placeres no gozados...
En tus labios bebí la dulcísima arquitectura
que mis manos iban adivinando...
Como aguas libres sentí en mi boca
todos los perfumes de tu cuerpo.
Como te ofreciste te tomé ,
de una sola vez y para siempre...
tan limpia como un lago de montaña
como la primera mañana del mundo...
Y me subiste por la sangre, revuelta en aromas,
como un golpe de mar que resuelto abriera
todas las cárceles del placer y la alegría.
Cádiz y 2001
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